A propósito de las movilizaciones por una educación pública y de calidad que hemos vivido los últimos siete meses, escribo esta columna a partir de la siguiente reflexión: ¿La calidad en la educación pública que queremos es la que realmente necesitamos? Es decir, realmente lo que necesitamos son liceos de excelencia asentados en el modelo tradicional de educación o debiésemos inundar las salas de clases con innovación?. Este no es una llamado a quemar los libros de clases, al contrario, es un llamado a estudiarlos y aprenderlos justamente para cuestionarlos y recrear la realidad existente mediante el arte de innovar.
Para el español Jorge Wagensberg, el mundo puede ser entendido como un mundo de preguntas o un mundo de respuestas. Cuando entendemos la realidad como un escenario de preguntas entonces la mente se pone en el centro de todo y se pregunta el por qué de las cosas, y allí la pregunta se vuelve rutinaria. Mientras que cuando entendemos la realidad como un escenario de respuestas, la mente se excluye del centro de todo y se pregunta por el cómo de las cosas, y allí la respuesta se vuelve rutinaria, siendo el arte de la pregunta la piedra angular de la innovación.
En tal sentido, y como lo sostienen Gunter Pauli y Sir Ken Robinson, nuestros niños deben ir a las escuelas a hacer las preguntas para las cuales los profesores no tienen las respuestas porque en ese instante la lógica de escuela tradicional cambia y el aprendizaje se vuelve bidireccional De hecho, ya lo decía Margaret Mead a principios de la década de los 70: “La nueva experiencia cultural de los jóvenes no cabe en la secuencia lineal de la palabra impresa”. Hoy no solo hace falta ser buen alumno, sino que también saber hacer buenas preguntas y traspasar el límite del conocimiento actual, puesto que nuestros jóvenes están llamados hoy a crear el conocimiento que se utilizará en los próximos 50 años.
En cuanto a la innovación en sí misma, el arquitecto Alejandro Aravena afirma: “La innovación suele ser un efecto del haberse hecho antes las preguntas correctas, las preguntas inéditas para las cuales no existe el conocimiento específico para responderlas”. En general, cuando intentas responder preguntas inéditas o inespecíficas con pocos recursos, te sueles encontrar con conocimiento global o universal y puedes exportar soluciones a otros contextos.
La apuesta entonces es una y evidente: Transformemos nuestro sistema educacional primario, secundario y superior no para parecernos a Finlandia, Israel o Taiwán, sino para hacer de Chile un polo de innovación de impacto social, que supere los esquemas mercantiles y trascienda al intercambio puramente económico, porque en Latinoamérica y el Caribe hay 174 millones de personas que viven con menos de $1.000 pesos al día y están esperando oportunidades que mejoren la calidad de vida de ellos y de los que están por venir.
Coordinador de Estrategia y Redes de NISA (Nodo de Innovación Social Abierta) y Director de Alianzas Internacionales de Fundación América Solidaria. NISA, tiene por finalidad impactar positivamente la calidad de vida de los segmentos sociales más desfavorecidos en Chile y América Latina, mediante el co-diseño, asesoría e implementación de proyectos de interés público e impacto social.