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Lunes, 29 de agosto 2011

Innovación colectiva como garantía de prosperidad

Amar Bhidé, el exponente que cerró nuestro ciclo de conferencias “Entendiendo los cambios”, que se ha celebrado conjuntamente con la Fundación Telefónica, es un profesor de universidad que ha pasado por el mundo de los negocios. Sabe bien de lo que habla y no es especialmente complaciente.

Es un defensor firme de lo que denomina “innovación inclusiva”, es decir, una innovación en la que participan múltiples agentes y de la que todos pueden beneficiarse. Lo de los múltiples agentes está fuera de toda duda. Nadie piensa que la innovación hoy en día se hace en un laboratorio. Pero, para Bhidé, la innovación es mucho más que aquéllos que crean, descubren y e incluso aplican las novedades tecnológicas. Bhidé va más allá y nos explica que quien saca el máximo partido de la innovación es quien mejor sabe adoptarla y aplicarla. Por ejemplo, la mayor parte de la innovación tecnológica en la que se basó el iPod se realizó fuera de Estados Unidos. Al mismo tiempo, cuando se le pregunta qué opina del “hervidero” de innovación californiano, espejo en el que todas las empresas con ambición de innovar quieren mirarse, responde que no es suficiente con que un pequeño porcentaje de la población local vea las ventajas de la innovación. Y es que California tiene una de las tasas de paro más alta de Estados Unidos.

Nos queda claro que Amar Bhidé no apoya la innovación simplemente por el hecho de serlo. Aboga por una innovación que podríamos llamar productiva. Siempre hay que plantearse qué problemas va a resolver la innovación que se busca, o mejor dicho, se financia. Amar es extraordinariamente crítico con las políticas públicas que fijan determinadas “cuotas de innovación”, o determinadas inversiones en innovación, simplemente porque la innovación resulta irrenunciable en una determinada región geográfica. Ante el argumento de que muchas innovaciones han sido posibles sólo gracias a esa inversión, él responde sin inmutarse que igual no hubiera sido necesario gastar ese presupuesto si en un primer momento no se hubiera partido de la premisa de que esa innovación debe producirse ahí y ahora.

Por otro lado, Amar está profundamente preocupado por la naturaleza del sistema financiero actual, que además de haber contribuido a una crisis mundial de enorme magnitud cuyas consecuencias paga cada ciudadano del Planeta, representa un conflicto permanente con la voluntad sincera de innovar. Para Bhidé, la verdadera innovación es incompatible con la centralización de la toma de decisiones, con modelos mecanicistas de decisión (¡más aún cuando la vida está llena de riesgos que debemos tener en consideración todos los días!), con la existencia limitada de diálogo y relaciones, así como con la ausencia de responsabilidad cuando hay errores. Según él, estos cuatro puntos caracterizan el sistema financiero moderno, que está, a todas luces, enfermo.

Por eso piensa que es preciso volver a una “innovación descentralizada y responsable”. La descentralización es necesaria para que puedan construirse relaciones y diálogo, absolutamente necesarios en el proceso de innovar, que es, de alguna manera, como “educar un niño”. Cueste lo que cueste, merece la pena. Por tanto, resulta completamente imprescindible “proteger y alimentar la innovación descentralizada responsable”, el origen por excelencia de la prosperidad moderna.

Fuente: Boletín Semanal de Competidores Innovación tecnológica, Internet& Media Regulación.

Boletin 194-24 de junio al 1 julio de 2011.

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