Columnas

Lunes 22 de agosto 2011

Innovación tipo seda o revolución

Hace un siglo atrás aires revolucionarios corrían por el mundo entero, enfrentando ideologías irreconciliables, levantando multitudes en torno a líderes y teniendo como eje el pensamiento político. Mucho podemos decir, reflexionar y discutir sobre los efectos y métodos utilizados que buscaban cambios organizacionales en lo político, económico y social, pero hay un aspecto innegable: la humanidad necesitaba de cambios.

La innovación es la revolución de nuestro siglo, pacífica y constructiva, busca o simplemente genera cambios en lo político, social y económico afectando a toda la humanidad. Qué ganas de poder contarle a aquellos que derramando la sangre luchaban hace un siglo por cambiar el mundo que hoy tenemos una forma de hacerlo, y que no es por la fuerza sino a través de la creatividad.

REVOLUCIÓN con todas sus letras, ya que me refiero a la transformación radical y profunda respecto del pasado inmediato, de nuestro país, del mundo e incluso de la humanidad. Un cambio súbito y violento, con un alto contenido de disrupción y con transgresión del orden establecido que afecte de forma contundente en lo estructural y ojalá incluso en lo organizacional.

En una conversación con nuestro premio nacional de ciencias, Humberto Maturana, fue que comencé a creer en que no basta con seguir tratando temerosamente de cambiar estructuras, sino que se debe innovar para incidir en la organización (la relación específica entre los componentes) y así realmente afectar nuestra “identidad de clase” como país. ¿Cómo incidimos en la organización?

No deja de irritarme la frecuencia con que escucho cada día la palabra innovación o sus derivados, han llegado a convertirla en una palabra vacía, desaliñada e inocua. Si fuese por repetición de la palabra, así como Google cobra por click, estaríamos de seguro dentro de los 40 países más innovadores, pero no lo estamos. Lo cual trae a mi cabeza un viejo dicho de mi querida abuela: “aunque la mona se vista de seda, mona queda”, si la mona quiere dejar de ser mona va a requerir un poco más que ropaje prestado y para ello necesitamos como país, dejar de vestirnos, llenar la boca y algunos los bolsillos, con la nueva moda de la “innovación de seda”.

Empresas e instituciones ofreciendo sus soluciones innovadoras y presentándose como tales, con una muy baja o casi nula inversión en Investigación y Desarrollo que ojalá condujese a propiedad intelectual. O más básico aún, que mantienen a sus empleados “atados” a una silla de 9am a 18:00pm bajo la estructura de trabajo tradicional, coartando la creatividad, esencia de la innovación (este es un mega tema, que no dejaré pasar así nomás y que espero abordar en mi próxima columna; autogestión, inspiración y propósito como motor del nuevo trabajador). Otras con miedo de que el joven se siente en la primera fila y dirija la orquesta ya que no tiene “experiencia”. Bueno déjenme decir que para innovar más que experiencia se requiere creatividad, ya que la experiencia está basada en el pasado y la innovación se basa en el futuro, por lo cual es aquel que cuenta con ideas nuevas e innovadoras quien debiese liderar, y el experimentado aconsejar, no al revés. Es en los puntos mencionados anteriormente en donde radica la incongruencia del pretender y el ser realmente.

Afortunadamente ya hay unos pocos que si han comenzado a transitar el camino de esta Revolución en nuestro país, como por ejemplo (y me disculpo de los que pueda haber dejado fuera) el Centro de Innovación de Un Techo Para Chile, quienes con irreverencia innovan focalizados en la base de la pirámide social, incidiendo en la vida no sólo de miles de chilenos sino de millones de latinoamericanos. Una verdadera revolución en lo social.

De igual forma ForoInnovación, bajo un modelo aún (y ojalá para siempre) en ajustes, es un gran articulador de cambios revolucionarios con sus programas; como Red de Mentores, en donde altos ejecutivos apoyan voluntariamente y enseñan a pequeños emprendedores a “usar la caña” en vez de darles el pescado, una transversalidad y acercamiento inédito entre quien está arriba con quien está abajo. Otro programa, como Innovacien que incide disruptivamente en el aula de clases con una propuesta educacional fenomenal. O también la Ruta de la Innovación, que busca difundir a lo largo de todo el país esta revolución y servir de chasis para montarla, de acuerdo a las agendas de desarrollo de cada región.

San CORFO merece una mención aparte, ya que por mucho que se critiquen sus procesos, es hoy el actor e inversionista de riesgo principal en proyectos de innovación. He escuchado muchos reclamos sobre el proceso y lo complicado que son los formularios. A mí parecer son perfectibles, pero sigue siendo tremendamente más fácil CORFO que incorporar un capitalista ángel en etapa temprana o hacer el levantamiento de capital con privados para desarrollar un nuevo producto….y lo mejor de todo no pide mucho a cambio, sólo hacer el trabajo y un documento. CORFO se ha convertido sin duda en un pilar tremendo, estoico y muchas veces solitario que entrega infraestructura para generar innovación, financiando proyectos de robótica, biotecnología, nanotecnología, servicios, etc. Mientras la empresa privada temerosa se viste de seda con la innovación y mantiene su misma estructura “dinosaurezca”.

Si innovación es lo que efectivamente hacen, yo no quiero ser parte de esa innovación tipo seda, yo quiero ser parte de la innovación revolucionaria, aquella que efectivamente genera el cambio en lo organizacional de la identidad de nuestro país y permitirá que cambie de clase… a la clase de una potencia mundial económica y social.

Eduardo Labarca
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Fundó su primera empresa tecnológica a los 23 años, la cual vendió el año 2009. Ha fundado otras dos empresas tecnológicas (CLOUD y UPI Ocean)  y ha estado involucrado indirectamente en la creación de una cuarta (ChileScope). Él ha liderado como emprendedor dos de estas empresas generando negocios de alto nivel innovador, siendo Austec (http://www.austec.cl) desde el 2005 la empresa en donde desarrolló proyectos de robótica en defensa, redes de sensores inalámbricos (Wireless Sensor Networks y Real Time Location System) y sistemas de visión computacional, y detectando, diseñando y generando productos y modelos de comercialización tecnológicos. Actualmente apoya en las labores de ForoInnovación para impactar el tejido social innovador en Chile.
Seleccionado entre los 50 Casos de Innovación Made In Chile de la Cámara de Comercio de Santiago. Estudió Ingeniería civil electrónica en la USM y luego un Magister en Innovación Tecnológica y Emprendimiento en la misma Universidad. Ha sido seleccionado para participar este año en el programa GSP11 de Singularity  University fundado por NASA y GOOGLE en el NASA Ames Research Park en Silicon Valley.

 

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