Hay muchos que hoy miran con escepticismo cada vez que se mencionan una y otra vez las palabras ‘emprendimiento’ o ‘innovación’ en sus diferentes formas sustantivas, adjetivas y verbales, o cuando las ven en mayúsculas en tantos eventos empresariales, fondos públicos concursables o iniciativas académicas, interpretándolos como ofertones que camuflan algo que para ellos siempre ha existido o se ha hecho, sólo que con nombres menos glamorosos. Sin duda que estos conceptos han estado de moda estos últimos años en Chile. Enhorabuena.
Sucede que el creciente dinamismo y complejidad en los negocios, la carrera profesional y la vida en general nos tienen abrumados y hemos perdido la noción de lo que estos conceptos realmente significan. Y da lo mismo la moda, dan lo mismo las palabras. Innovar es Crear Valor. Valor nuevo e importante. Es impacto. Y son conjuntos muy especiales de actitudes y aptitudes emprendedoras las capaces de lograr este impacto. El emprendimiento es así el motor de la innovación.
Crear valor… ¿no es esto lo que todos intentamos hacer? O al menos, ¿lo que deberíamos tratar de hacer siempre? Aumentar la probabilidad de éxito de un nuevo negocio a través de la empatía con el cliente objetivo y el usuario, reconocer en las comunidades más pobres que componen los dos tercios de nuestro mundo oportunidades gigantescas de superación, de integración e incluso de rentabilidad. Dar a nuestros trabajadores la posibilidad de ser y sentirse parte relevante de algo importante, tal como lo hace Google intercambiando valor a través de su cultura emprendedora. Sorprender a nuestra pareja con la primera vez que le escribimos un poema, jugar por fin al ataque y emocionar a todo un país con el grito de gol en el primer triunfo oficial de Chile sobre Argentina, en fin, regalar experiencias nuevas que se disfruten y desarrollen relaciones de valor…
En Chile nos debe interesar preparar a los futuros profesionales para que sean protagonistas de estas relaciones. Tenemos ejemplos, pero muy pocos comparados con el potencial de nuestros jóvenes y las oportunidades que nos rodean. Varias universidades tenemos esto en cuenta y estamos concentrando mayores esfuerzos para desarrollar capacidades efectivas de emprendimiento e innovación en nuestros alumnos como complemento fundamental a su disciplina.
La buena noticia es que tenemos de donde aprender. La Universidad del Desarrollo, por ejemplo, está trabajando en alianza con Stanford University y Babson College como referentes globales que llevan una inercia importante en este foco educacional. Esto nos está permitiendo conocer algunas de sus metodologías, identificar aspectos clave de su perspectiva académica y reconocer factores determinantes de los ecosistemas en los cuales se encuentran insertas, de manera que podamos contribuir en Chile a un proceso de innovación profunda en la educación. Por otro lado, llevamos bastante tiempo tomándole pulso a lo que requieren actualmente las empresas y las organizaciones en general. Por más duro que suene, nos han dicho que saber inglés hoy es sólo empatar, lo mismo que ser hábil en la disciplina profesional desarrollada. Que la oportunidad de diferenciarse está en las capacidades de liderar, trabajar en equipo, tomar riesgos y llevar adelante procesos de innovación que generen alto impacto. No estamos tan perdidos, entonces…
Así, debemos motivar a nuestros alumnos y desarrollar en ellos a través de experiencias apasionantes una actitud (mindset) y un compromiso con problemas relevantes de nuestra sociedad. Por otra parte, debemos prepararlos en una serie de habilidades (skillset) que les permitan emprender con éxito estos desafíos. Hoy necesitamos profesionales que sepan observar su entorno y ser empáticos, hacer las preguntas correctas y definir bien los problemas, que sean creativos, visuales, que comuniquen en forma efectiva sus ideas, que sean capaces de insistir con sus prototipos y testear las soluciones que proponen, y que sean profundamente reflexivos a lo largo del proceso en que participan.
No es fácil, pero Chile necesita profesionales ‘tipo T’, con profundidad en su disciplina vertical, sensibilidad interdisciplinaria y con fuertes capacidades horizontales de innovación. Diseñadores de solución para problemas y oportunidades relevantes. Reales agentes de cambio. Nuestro rol como universidad es inspirarlos, prepararlos y desafiarlos. De ahí para adelante podemos contar con las palabras de Johann Wolfgang von Goethe:
“Mientras no haya compromiso, existe la duda, la posibilidad de retirarse, ineficiencia permanente. Hay una verdad elemental relacionada con todas las iniciativas y los actos creativos, cuya ignorancia mata las ideas y los planes más espléndidos: en el momento en el que uno definitivamente se compromete, la Providencia también se moviliza.
Suceden toda clase de cosas que lo ayudan a uno y que nunca habrían ocurrido. De la decisión surge toda una corriente de acontecimientos que provocan a favor de uno toda suerte de incidentes imprevistos y de reuniones y de ayuda material, tales que ningún hombre habría soñado encontrar en su camino.
Lo que sea que puedas hacer, o sueñes que puedas hacer, empiézalo. La osadía trae consigo el genio, el poder y la magia. Empiézalo ahora.”
El Sr. Varela es Director de Innovación de la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Desarrollo y Director Ejecutivo del proyecto de Innovación i3 de las misma casa de estudios. Fue fundador y gerente de una compañía tecnológica y comercial hoy filial de una empresa Neozelandesa. Ha trabajado en consultorías internacionales y gestión de proyectos de innovación. Ha sido Subdirector del Centro de Emprendimiento e Innovación de la UDD, Profesor de Innovación en el MBA y en la Facultad de Ingeniería.
El Sr. Varela es Master of Science in Engineering Management Systems de Columbia University d Ingeniero Civil Industrial de la Universidad del Desarrollo.