A comienzos de la semana pasada llegó Netflix a Chile, y con ello una esperada revolución en los medios. Histeria colectiva en cómo Netflix iba a cambiar la manera en que los chilenos veíamos televisión, sólo para darnos cuenta de lo que ellos ya vieron antes de decidir venir al país: en Chile, y en latinoamérica en general, el consumo de contenidos audiovisuales online es tremendamente activo.
La manera de consumir contenidos audiovisuales ha comenzado a cambiar rápidamente, y me atrevería a mencionar al mundial de fútbol Sudáfrica 2010 como el punto de inflexión. Fue durante ese mundial, exhibido por televisión abierta, televisión de pago e internet, donde se validó la alternativa de consumo multiplataforma. Fuimos el país con mayor cantidad de partidos vistos en la plataforma online, después de México y muy por arriba del resto, con la diferencia de que México tiene 10 veces más habitantes que nosotros.
A continuación una serie de eventos como la elección presidencial, el terremoto, los mineros, la Copa América y el lamentable accidente de Juan Fernández han corroborado lo anterior. Los chilenos estamos viendo “televisión por internet”, y como siempre el contenido es el principal driver de dicho consumo.
Visto eso, no me causa sorpresa que Netflix haya decidido expandirse por Latinoamérica. Las tasas de crecimiento de conectividad siguen creciendo, los dispositivos móviles tienen una tremenda penetración y sobre todo y a mi parecer lo más relevante, existe una creciente cultura de consumo online. Las personas no sólo pueden ver contenidos online, sino que saben que pueden hacerlo. Para los que han trabajado con cambios tecnológico-culturales entienden que muchas tecnologías han muerto por estar adelantadas a su época dado que la gente no “sabe” para que usarlas.
Por lo mismo, la llegada de Netflix supone no una revolución en el consumo de contenidos por internet, sino que una mucho más profunda, la de pagar por estos contenidos. Netflix funciona mediante el sistema de pago por suscripción que se carga automáticamente a la tarjeta de crédito. De esta manera, uno ingresa sus datos una vez y mensualmente le descuentan un monto cercano a los cuatro mil pesos. Con esto, uno tiene acceso a toda la biblioteca de películas, sin restricciones.
Tuve la oportunidad de reunirme con los ejecutivos de Netflix y preguntarles por su apuesta. Pregunté por la plataforma, por el pay-per-view, por la inclusión a futuro de tandas publicitarias y la segregación de canales tal cual pasó en el cable. Su respuesta fue tremendamente sencilla: Apostaremos por tener la mayor selección de títulos al menor precio posible, entendiendo que somos un complemento a todo lo que ya existe.
Mi primera experiencia con el servicio fue la misma que uno tiene cuando conoce por primera vez el modelo “all you can eat”. Uno se acerca al bufé sabiendo que esta todo pagado e incluido, y en un afán de no perder un segundo, se sirve un plato lleno de camarones, papas fritas y helado. Todo junto, todo rápido, todo pagado. Al navegar la primera vez por Netflix no pude ver ninguna película ya que me quedé largo rato paseando por el sitio viendo las posibilidades. Quería ver de todo y eso que en lo que hay habilitado para Chile actualmente no hay nada muy nuevo. Con el tiempo, al igual que en el bufé, uno sabe que tiene un estómago limitado y elige que comer, y por eso el modelo funciona. En el tiempo muchos evaluaremos pagar los cuatro mil al mes contra los cuarenta o cincuenta mil pesos que puede salir tener 100 canales de cable donde uno ve los mismos 5 siempre. (considerándolo como costo marginal a la conexión a Internet)
Finalmente, se habla de que los videoclubes están bajo amenaza. En EEUU Blockbuster quebró hace rato en parte por el mismo Netflix (bajo su modelo de distribución física). En Chile y Latinoamérica, la competencia directa la tendrán los cuevana y sitios de contenidos ilegales. Si por cuatro mil pesos puedo tenerlo todo y gratis, para qué correr riesgos y buscar contenido ilegal. Ya lo hizo Steve Jobs con Itunes y validó el pagar por la misma música que podemos conseguir gratuita (e ilegalmente) a un par de clicks. La clave es la interfaz y la usabilidad, pero sobre todo, un precio bajo.
Por lo tanto, la industria agradece que propuestas como la de Netflix lleguen al país, y ojalá pronto tengamos a Hulu, HBO GO , Pandora, Spotify, y muchos otros en lo que a películas y música se refiere, ya que independiente de cómo se consuma, al final del día, el contenido sigue siendo el rey.
Subgerente de Nuevos Negocios y Nuevos Medios en Televisión Nacional de Chile. Ingeniero Comercial de la Pontificia Universidad Católica de Chile, con mención en Administración de Empresas y especialización en Marketing. Magíster en Comunicación Social(c) de la misma Universidad, con mención en Dirección y Edición Periodística. Experiencia profesional de diez años relacionada con el marketing, las comunicaciones y los medios, en empresas como Procter&Gamble, The Coca-Cola Company, Modern Times Group y British Petroleum. Representante de TVN como Director en IAB Chile. Conductor del programa “En Medio de la Innovación” exhibido por TVN Innova y columnista en el portal Innovación.cl